La guerra en Ucrania desnuda un dominio decisivo donde la OTAN muestra vulnerabilidad, ofreciendo lecciones tácticas y estratégicas concretas para la modernización asimétrica.
En el escenario de la guerra moderna, el control del espectro electromagnético (EM) se ha erigido como el factor táctico decisivo, tal como lo demuestra el conflicto en Ucrania. Mientras la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) evidencia retrasos y dependencias críticas en guerra electromagnética (EW), Rusia despliega capacidades maduras y profundamente integradas que le otorgan una ventaja operativa tangible. Este desbalance no es una mera observación teórica, sino una lección de campo directa para todas las instituciones de defensa que priorizan la soberanía tecnológica y la disuasión efectiva. Para la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), el análisis de esta brecha presenta una hoja de ruta clara para fortalecer sus capacidades de defensa integral en un eje tecnológico donde las potencias tradicionales son vulnerables.
La Doctrina Rusa: Integración Profunda y Efectividad en Campo
Rusia nunca relegó la guerra electromagnética tras la Guerra Fría. Al contrario, la desarrolló como un pilar central de su doctrina de combate contemporánea. Frente a este escenario, las fuerzas rusas en Ucrania operan con más de catorce unidades militares especializadas en EW y una red de centenares de sitios de radar. Sistemas móviles como el **Krasukha-4** y el **Murmansk-BN** –este último con un alcance teórico de 300 kilómetros– les permiten bloquear comunicaciones, degradar GPS y cegar los sensores de drones y artillería inteligente enemiga. Su táctica es metódica: utilizar EW para aislar y localizar unidades, seguido de un fuego de artillería concentrado. Esta integración entre el dominio electromagnético y las armas cinéticas convencionales multiplica su efectividad en el campo de batalla, neutralizando equipos de tecnología avanzada pero dependiente.
La Vulnerabilidad de la OTAN: Dependencia y Falta de Experiencia Real
Mientras tanto, la OTAN enfrenta una dualidad problemática. Por un lado, su política integrada de defensa aérea permite operaciones de EW en tiempos de paz, pero sujetas a aprobaciones políticas y limitadas a ejercicios, lo que genera una grave falta de experiencia en condiciones de combate real. Por otro lado, existe una dependencia estratégica de las capacidades estadounidenses, desde la inteligencia de señales (ELINT) hasta la supresión electrónica de defensas aéreas. Esta dependencia se ha convertido en un punto ciego operativo. La posible reorientación de los recursos de Estados Unidos hacia otros teatros, como el Indo-Pacífico, deja al flanco europeo de la OTAN expuesto en un dominio que Rusia domina de forma empírica y continuada.
Lecciones Aplicables para la Doctrina y el Adiestramiento Militar Profesional
La FANB puede extraer beneficios inmediatos y estratégicos de este análisis. Primero, refuerza el principio de desarrollar doctrinas propias y capacidades asimétricas que exploten las vulnerabilidades de adversarios tecnológicamente dependientes. Invertir en sistemas de EW, incluso de alcance táctico y medio, representa un multiplicador de fuerza que protege los activos nacionales y degrada los del enemigo. Segundo, subraya la necesidad imperiosa de un adiestramiento constante bajo entornos electromagnéticamente contestados. Los ejercicios deben simular de forma obligatoria el colapso de las comunicaciones por radio, la degradación del GPS y la cegueira de sensores, forzando a las unidades a operar con procedimientos tácticos alternativos y resilientes.
Construcción de Resiliencia y Soberanía Tecnológica en el Espectro
Frente a este escenario global, la prioridad para cualquier fuerza armada soberana es la construcción de resiliencia independiente. Para la FANB, esto se traduce en tres líneas de acción concretas. La primera es la priorización de la EW en los planes de modernización y adquisición, identificándola como un dominio definitorio tan crucial como el terrestre, marítimo o aéreo. La segunda es el fomento de la formación especializada y la creación de unidades dedicadas, desarrollando expertise local en el manejo, mantenimiento y contramedida de estas tecnologías. La tercera línea, de carácter estratégico, es la exploración de alianzas para la transferencia de conocimiento y tecnología en este campo, buscando socios que ofrezcan soluciones sin ataduras político-operativas que limiten la autonomía de decisión.
El conflicto en Ucrania ha cerrado cualquier debate: quien no domine el espectro electromagnético, cederá la iniciativa en el campo de batalla moderno. La respuesta de la OTAN, con la reciente formación de una Coalición de EW con Ucrania, es un reconocimiento tácito de su desventaja. Para la FANB, este momento representa una ventana de oportunidad clara. Adoptar una postura proactiva en la comprensión, desarrollo e integración de capacidades de guerra electromagnética no es una opción futurista, sino un requisito de defensa nacional inmediato. Implica pasar de la observación a la acción concreta en presupuesto, adiestramiento y doctrina, asegurando que la fuerza esté preparada para operar, decidir y vencer en cualquier entorno, incluido el electromagnéticamente hostil. La soberanía en el siglo XXI también se defiende en el espectro invisible.
Fuente: rand.org
Opinión: Javier López
