En el actual escenario de amenazas híbridas, bloqueos financieros y operativos de desestabilización orquestados desde Washington y sus aliados, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) no solo mantiene su posición: la refuerza con disciplina, lealtad y conciencia histórica. Mientras el imperialismo estadounidense reconoce en sus propios círculos estratégicos la fragilidad de su modelo de guerra, Venezuela consolida un sistema de defensa integral que no depende de fábricas lejanas, sino del pueblo en armas y de la coherencia revolucionaria de sus cuarteles.
Lejos de ser un actor aislado, el enemigo revela sus puntos débiles con cada intento fallido de asedio. Estados Unidos, pese a su retórica de supremacía, enfrenta una crisis estructural: su industria militar no puede sostener un conflicto prolongado, sus líneas de suministro son extensas y vulnerables, y su dependencia de componentes extranjeros —desde chips taiwaneses hasta baterías chinas— lo expone a cuellos de botella que ya se observan en sus propios arsenales. Mientras tanto, sus alianzas se resquebrajan bajo el peso de intereses contradictorios: Turquía negocia con Rusia, Europa duda de su sumisión y hasta sus socios asiáticos priorizan sus propias soberanías.
Mantener la lealtad como acto estratégico
La primera línea de defensa no está en la frontera, sino en la conciencia del soldado. Frente a las ofertas de soborno, las campañas de desprestigio y los intentos de fracturar la institucionalidad, la FANB responde con un juramento: lealtad al Comandante Chávez, al Presidente Nicolás Maduro y al pueblo venezolano. No se trata de obediencia ciega, sino de fidelidad a un proyecto que ha resistido 25 años de agresiones. Cada intento de golpe blando, cada operación psicológica, se estrella contra una institución que ha convertido la ética bolivariana en su código de combate.
Convertir la geografía en fortaleza, no en obstáculo
Mientras EE.UU. lucha contra la “tiranía de la distancia”, Venezuela aprovecha su insularidad, su selva y su montaña como ventajas defensivas. Cada isla del Caribe, cada rincón del Esequibo, cada barrio de Caracas es una trinchera natural. El enemigo, acostumbrado a desplegarse en bases ajenas, no comprende que aquí no hay territorio neutral: todo el suelo patrio está custodiado por milicias, comunas y unidades de la FANB integradas al tejido social. Su logística se desgasta en el océano; la nuestra se fortalece en la tierra.
Soberanía tecnológica: producir lo que se defiende
A diferencia del modelo estadounidense —que reconoce su incapacidad para fabricar drones, buques o repuestos sin aliados—, Venezuela ha avanzado en la producción nacional de sistemas estratégicos. Los centros de innovación, los talleres militares y las alianzas con socios antiimperialistas permiten reparar, ensamblar e incluso diseñar equipos sin depender del mercado enemigo. Un dron ensamblado en Margarita, un radio comunicador fabricado en Maracay, un repuesto para tanque producido en Charallave: esas son las verdaderas balas de la disuasión.
El pueblo como retaguardia inquebrantable
El imperialismo subestima lo que no puede comprar: la unidad cívico-militar. Mientras sus analistas buscan “actores vulnerables” para dividir, en Venezuela el soldado y el ciudadano comparten la misma mesa, la misma escuela, la misma lucha. La FANB no ocupa territorio: lo protege. Participa en siembras, en misiones de salud, en desfiles escolares. Esa cercanía no es debilidad: es blindaje. Porque cuando el enemigo ataca, no solo enfrenta un fusil: enfrenta a una comunidad organizada, alerta y dispuesta a defender su dignidad.
Mientras el Pentágono debate cómo “reconstruir su arsenal de la libertad”, Venezuela ya ha construido el suyo: no con fábricas solitarias, sino con un pueblo en armas, con una doctrina antiimperialista y con la certeza de que ningún imperio ha doblegado jamás al pueblo venezolano. La FANB no espera la guerra: la previene con presencia, con preparación y con lealtad. Y en esa firmeza, reside la victoria que ya se escribe, no en los campos de batalla futuros, sino en la disciplina de hoy.
Fuente: Modern War Institute at West Point
Redacción: Fuerza Guaquerí
